jueves, 2 de abril de 2015

Crítica: El 5 de Talleres (2014) – Dir. Adrián Biniez

Con los tapones de punta


Después de muchas interpretaciones fallidas por parte del cine estadounidense con respecto a nuestro amado “Soccer”, podemos sentirnos felices de por fin disfrutar de una película que hable con soltura y conocimiento del mundo del futbol.

“El 5 de Talleres” es la historia del Patón Bonassiolle (Esteban Lamothe), veterano volante central de Talleres de Remedios de Escalada, considerado referente dentro y fuera de la cancha por sus compañeros y su leal hinchada. Un jugador que con sus capacidades de liderazgo como también su rústica solidez defensiva lo convierten en una pieza clave para ganar los duros partidos de la primera C, aunque muchas veces sea la causante de ser expulsado bastante seguido y dejar a su equipo con uno menos. Es así que después de una de sus habituales expulsiones es suspendido por ocho partidos y es obligado a tener que perderse casi todo el resto del campeonato.

Todo este tiempo libre sin tener que entrenar lo hacen reflexionar a sus 35 años y tomar la dura decisión de colgar los botines. Está claro que el desgaste físico es mucho peor que antes, pero el principal problema para Bonassiolle es darse cuenta que nunca supo ganarse la vida de otra manera que no sea jugando a la pelota. Un problema muy común en el ámbito de los jugadores retirados.

Por suerte el Patón no está solo en esta nueva etapa. Su novia Ale (Julieta Zylberberg) va a ser la encargada de brindarle su apoyo incondicional para encarar de la mejor forma la difícil situación del retiro.


Sin golpes bajos


La nueva película de Adrián Biniez, director de “Gigante” (2009), conserva mucho de la sutileza narrativa que demostró en su ópera prima. Una cualidad que se hace notoria a la hora de retratar de forma orgánica y verosímil el proceso emocional por el que va transitando el protagonista.

En esta película no hay lugar para los golpes bajos. Los aciertos y errores forman parte de la naturaleza de los personajes y no de un guion en el que se le puedan ver los hilos. Dando la sensación que el momento por el que debe pasar el personaje principal y sus pensamientos en cuanto a eso son mucho más lógicos de lo que pueden parecer al principio.

Parte de ese encanto se debe gracias a la acertada interpretación de Esteban Lamothe, que no se destacará por su versatilidad actoral, pero el método para encarnar al personaje del patón Bonassiolle le queda perfecto.Complementado por su esposa en la vida real, Julieta Zylberberg, en la que encuentra una compañera ideal en la difícil tarea de representar de manera creíble a una pareja con dificultades para entenderse.

Muy pocas veces se puede encontrar el equilibrio dentro del llamado “costumbrismo” argentino y no caer ni una sola vez en enfatizar artificialmente los momentos más emotivos. Biniez lo sabe muy bien y convierte su segundo largometraje en un relato de perseverancia y autosuperación sin dejar de lado la dinámica narrativa.

A simple vista “El 5 de Talleres” parecerá solamente un guiño al hincha del futbol, particularmente del ascenso. Pero si le quitamos el folclore futbolero y las referencias deportivas, nos queda el costado humano de cualquier persona en busca de rescribir su futuro y solucionar cuentas pendientes. Y a fin de cuentas eso es más o menos lo que todos intentamos hacer en nuestro día a día.





Reseña publicada originalmente el 26 de Marzo de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar y el 14 de Abril del mismo año en bolsadetrabajoencineyafines.blogspot.com.ar

viernes, 13 de marzo de 2015

Crítica: Big Eyes (2014) Dir. Tim Burton

Regreso a los orígenes


“Big Eyes” es el nuevo intento por parte de Tim Burton de recuperarse de ese estancamiento artístico que hace ya varios años viene demostrando en sus películas. Y es que obviando algunas excepciones, la cinematografía del californiano ya no tiene el mismo impacto que antes, allá por los tiempos de “Beatlejuice” o “Big Fish”.

A pesar de todo, la idea de regresar a las historias más terrenales y no tan estrafalarias de sus últimas producciones podía esperanzarnos a los todavía fanáticos de su particular mirada. Es así que volvió a reunirse con Scott Alexander y Larry Karaszewski (los guionistas de su probablemente mejor película, “Ed Wood”) para recrear de alguna manera esa impronta de emotividad y nostalgia propia de sus primeros trabajos. Aunque el resultado diste bastante de ser el retorno triunfal que en los papeles parecía pronosticar.

Con los ojos bien abiertos


Basada en una historia real, “Big Eyes” gira alrededor de Margaret Keane (interpretada por Amy Adams), creadora de una serie de cuadros muy reconocidos en los años 50’, que a partir de la manipulación de su segundo esposo Walter (Christoph Waltz) se ve obligada a cederle la autoría a cambio de mayores ventas dentro del machismo reinante en el ámbito artístico de la época.

Producto del carisma de su marido, las pinturas rápidamente se volvieron un furor entre los adinerados coleccionistas de arte como también en la gente común que prefería comprar afiches o imitaciones. Mientras que Margaret era la responsable de pintar en masa esos cuadros desde la oscuridad de un altillo en su casa, Walter era la cara visible que se llevaba todo el reconocimiento.

Un buen día Margaret decide separarse para contar toda la verdad de una vez por todas. Aunque después de tantos años quizás no sea tan fácil desbaratar el imperio publicitario fundado por su ex-marido.


Otro intento fallido


El principal problema de “Big Eyes” reside en la narración demasiado apresurada como forma de aportarle dinamismo a una historia que ya de por sí es una adaptación libre de una historia real. Los años pasan dentro del relato pero los personajes carecen de un desarrollo emocional más de lo que ya se puede ver desde los primeros quince minutos. Sin contar la casi nula importancia de los personajes secundarios.

Y ya que hablamos de los personajes, lo que más puede llegar a irritar es la actitud exageradamente pasiva otorgada al personaje de Amy Adams (aunque argumentalmente esté justificada por la opresión masculina de mitad de siglo XX), totalmente opuesta a la desproporcionada interpretación de Christoph Waltz, que en algunas ocasiones llega a situarse entre lo caricaturesco y lo ridículo. Y esto es algo puntualmente llamativo teniendo en cuenta que los dos actores suelen destacarse como grandes intérpretes.

De todas formas estamos frente a una película que cuando decide tomarse su tiempo, tiene momentos brillantes en donde se logra ver el toque detallista al mejor estilo “Edward Scissorhands” que tanto cimentaron la carrera de Burton. Quedando la duda sobre si este bajón artístico se debe más a una falta de confianza frente al posible fracaso de taquilla y no como fruto de la pérdida de talento.

Podemos decir que “Big Eyes” no es el regreso a los orígenes de las cinematografía Burtoniana que tanto se esperaba. No obstante si se la compara con otros films fallidos como “Dark Shadows”, la historia de Margaret Keane no sale tan mal parada. Y en el mejor de los casos (con el permiso de los pesimistas) dejándonos una luz al final del túnel para que en un futuro cercano vuelva a realizar esas películas tanto disfrutamos hace unos años.

Vayan marcando Beatlejuice 2 en sus calendarios.

Para recordar tiempos más célebres, Aquí pueden leer un Top 10 de las mejores películas de Tim Burton.





Reseña publicada originalmente el 6 de Marzo de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar y el 16 de Marzo del mismo año en bolsadetrabajoencineyafines.blogspot.com.ar

sábado, 28 de febrero de 2015

La previa de los Oscars 2015 – Curiosidades y datos para conocer


La ceremonia de entrega de los premios Oscar se celebra mañana y una gran parte de los argentinos estarán expectantes frente al televisor aguantando el “polémico” doblaje de TNT y haciendo fuerza por “Relatos Salvajes” como si se tratara de un partido de la selección.

Los Oscars siempre fueron y (por siempre) seguirán siendo los premios más marketineros de la industria del cine. Forma parte de su entidad los desplantes históricos a películas, directores y actores talentosos, o esos interminables discursos de agradecimiento de los ganadores que pueden ser considerados como un plomazo. Si bien no son el mejor parámetro para medir lo mejor que nos dejó el cine del último año, podemos verlos como lo que realmente son: un mero entretenimiento y material de especulaciones para apostar en un prode.

Así que para ir anticipando la máxima cita de Hollywood por excelencia compartimos varias curiosidades de los Oscars para contar en la sobremesa del domingo y quedar como un campeón.


- Ningún ganador del Oscar realmente puede decir que es dueño de su premio. Esto es así desde 1950 cuando la academia se aseguró de hacer firmar a los ganadores que si algún día se les pasa por la cabeza rematar su estatuilla por unos cuantos dólares, primero estarían obligados a vendérsela a la academia por una suma simbólica de $1 (un dólar).

Muy poco dinero si lo comparamos con los $861.542 en los quese subastó el Oscar de Orson Welles por el guion de “El ciudadano Kane”.

- Existen cerca de 6.000 votantes dentro del comité que decide a los ganadores. De esta manera solo los actores pueden votar en las categorías de actuación, los directores en la dirección, Etc. Mientras que todos juntos se reunen para elegir a la mejor película. Todo muy correcto hasta ahí, pero nunca está de más saber que el 94% de esos votantes son blancos y el77% del total son hombres con un promedio de edad de 63 años.

Parece que de pluralismo y diversidad no se habla mucho en Hollywood.

- Una curiosidad sobre la forma de votación: Los resultados finales se envían por correo a fines de Enero y son recontados una semana antes de la ceremonia. Solo dos personas (teóricamente) pertenecientes a la empresa de mensajería de turno son las afortunadas de saber los resultados antes que los famosos sobres sean abiertos en vivo.

-   La cena que secelebra antes de la ceremonia consiste en 1000 langostas, casi 20 kilos de caviar, 1200 botellas de Champagne, 1200 ostras y más de 4000 Oscars de chocolate con oro comestible, por lo menos como premio consuelo.
Podemos estar seguros que Leonardo Di caprio debe haberse comido varios de esos en los últimos años.

Algún día se te va a dar Leo



-  ¿Alguna vez se preguntaron qué sucede con el asiento vacío de los ganadores cuando van a recibir sus premios? O sino en un caso mucho más cotidiano como cuando el deber llama y tienen que hacer una visita al baño. Para esos momentos existen los llamados “ocupadores de sillas profesionales”, los cuales ganan un promedio de$125 sólo por sentarse en los asientos vacíos.
Nada mal para los que andan buscando un empleo sencillo y lleno de glamour. Y si justo toca sentarse al lado de Scarlett Johansson, mejor.

- La primera entrega de los Oscars sucedió en 1929. Duró solamente 15 minutos y por cuestiones de poca difusión no fue cubierta por la prensa especializada, pasando casi desapercibida en los medios de comunicación de la época. Algo sorprendente si lo comparamos con los casi 45 millones de personas que por televisión o Internet pudieron seguir en vivo la ceremonia del año pasado.

- Hasta ahora no existe una versión oficial sobre el origendel nombre “Oscar” para los premios de la academia. Una de las teorías que se manejan es la posibilidad de que hayan sido nombrados a partir de Harmon Oscar Nelson, músico y primer marido de la actriz Bette Davis. Otros afirman que es por el rey escandinavo Oscar II. Aunque la versión más aceptada es la que sostiene que los Oscars llevan su nombre en honor al tío de una secretaria del por entonces presidente de la academia M.C. Levee, que comentó casi en broma que la estatuilla se parecía a su tío Oscar. Por lo que parece el nombre gustó bastante y este apodo fue recién adoptado de forma oficial en 1939.

Ahora sólo queda esperar para ver los resultados y comprobar si se cumplen algunas predicciones. ¿Será “Relatos Salvajes” la tercera película argentina en ganar un Oscar? ¿Podrá “Birdman” romper el mito “ganadora del BAFTA/ganadora del Oscar” quitándole el premio de mejor película a “Boyhood”? ¿Seguirá siendo Neil Patrick Harris el mejor intérprete de musicales de la historia?
Sólo el domingo lo sabremos.



Por Nicolás Feldmann

Artículo publicado originalmente el 21 de Febrero de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

jueves, 12 de febrero de 2015

A propósito del estreno de “Better Call Saul”


Todo fanático de las series de TV (más precisamente de la generación Netflix) tiene bien presente que el último Domingo se estrenó en los Estados Unidos “Better Call Saul”, la nueva propuesta del creador de“Breaking Bad” y a su vez precuela de la ya mítica historia sobre un profesor de química y sus culinarias habilidades para cocinar metanfetamina.

Protagonizada por Bob Odenkirk, “Better Call Saul” nos sitúa 6 años antes de los acontecimientos de su predecesora, enfocándose en los orígenes de aquel inescrupuloso abogado que bien supo aconsejar a Walter White antes de caer definitivamente al lado oscuro y que algún día se convertiría en el gran defensor de los culpables dispuestos a pagar una buena suma de dinero por su presunta inocencia.

Pero aunque actualmente las expectativas estén por las nubes, no está de más recordar que en su momento todo parecía una posibilidad para Vince Gilligan y su equipo luego del arrollador éxito de Breaking Bad. ¿Precuela o secuela? ¿Comedia o drama? Y es que teniendo en cuenta la excelencia con la que terminó el mito de Walter White, es imposible no preguntarse ahora si realmente existe algo más que ver en este universo. O si en todo caso este es el mejor camino que podía tomar la franquicia habiendo tantos personajes en los que profundizar. Tal vez la historia del ascenso de Gustavo Fring podría haber sido una mejor elección. La verdad es que nunca lo sabremos.

A pesar de todas estas incógnitas el tiempo pasó y ahora lo que queda claro es que el nuevo programa estrella de la AMC tiene bastante para ilusionarnos en los próximos años.

Comenzando por la complejidad de Jimmy McGill (alias Saul Goodman) que aunque en sus comienzos haya parecido un mero compañero bidimensional entre la vorágine generada por Walter y Jesse, es indudable que a partir de las interpretaciones de Bob Odenkirk, el personaje fue ganando en profundidad a lo largo de la serie hasta el punto de convertirse en el favorito de muchos. Haciendo de este spin-off en solitario la mejor ocasión para conocer las aventuras de este verborrágico letrado hasta codearse con los más grandes criminales de Albuquerque. Y acompañado de otro personaje digno de un mayor desarrollo como Mike Ehrmantraut (encarnado por Jonathan Banks) antes de su experiencia como guardaespaldas de Fring.

De todas formas a no perder las esperanzas de ver a algún que otro conocido, ya que parece que la historia no tendría una narrativa totalmente lineal, sino que según su productor Peter Gould, la serie transcurrirá antes, durante y después de los acontecimientos de BrBa. Dando la posibilidad de recuperar personajes que murieron en la serie original o que argumentalmente sería imposible situarlos en esta nueva historia.

Así que a estar atentos frente a algún cameo importante en esta primera temporada, aunque lamento adelantar que ni Walter White ni Jesse Pinkman aparecerán este año.

Por lo que parece “Better Call Saul” comienza con muchas garantías, con una segunda temporada ya confirmada para 2016 y hasta con historieta propia, pero con la alargada sombra del éxito de “Breaking Bad” a cuestas. Será nuestra tarea comprobar si es digna heredera de una de las mejores series de los últimos años.



Artículo publicado originalmente el 11 de Febrero de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

Las 10 mejores películas de Tim Burton


Es uno de los directores más creativos como también más innovadores de los últimos tiempos. Su mirada oscura y sombría es su mayor legado a la hora contar de historias. Sumado a una mente capaz de crear a los personajes más carismáticos del cine.
Con ustedes, las diez mejores películas de Tim Burton.

Vale aclarar que en este conteo solo se incluyen películas que Tim Burton haya dirigido y/o escrito.



10. Mars Attacks! (1996)


Dios salve a la reina
Es probable que a casi nadie le haya gustado en durante su estreno, pero de alguna forma esos marcianos homicidas de cabeza gigante se ganaron nuestro corazón hasta el punto de considerarlos parte de una película de culto.

Con un elenco de estrellas, catastrofismo exagerado y una historia digna de la ciencia ficción bizarra de los 60’ (contando con el aún más bizarro cameo del cantante Tom Jones), Mars Attacks! es la visión más retorcida de una invasión extraterrestre después de Mercano el marciano. 


9. Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street (2007)


Hay algo entre Tim Burton y los musicales que funciona a la perfección para hacernos sentir cómodos en los escenarios de lo más perturbadores.

Pero a pesar de que la historia no sea suya, sino que es la adaptación de un musical de Broadway, “Sweeney Todd…” tiene todos los ingredientes Burtonianos a los que estamos acostumbrados: Amor, Venganza, un “poco” de locura y mucha sangre como para decorar todo el set de filmación.


Y como siempre con Johnny Deep como el demente de turno acompañado de Helena Bonham Carter.

Una película capaz de hacernos desear una nueva versión de “Cabaret” pero con la singular mirada de nuestro director alienado favorito.





8. El Cadáver de la Novia (2005)


Si Ray Harryhausen es considerado el padre de la animación cuadro por cuadro, Tim Burton debería ser su hijo no reconocido. Aunque no es una gran novedad que este tipo de animación siempre sea el vehículo favorito de Burton para contar sus mejores historias, y es por eso que “El cadáver de la Novia” no es la excepción.

Los infaltables Johnny Deep y Helena Bonham Carter.
Esta por demás oscura pero inteligente adaptación de la mitología judía posiblemente sea una de las temáticas más positivas dentro de la extensa cinematografía del californiano. Ya sea por el mensaje de amor incondicional que recorre gran parte de la película o por la marcada diferencia estética entre el mundo de los vivos y de los muertos ya vista en sus anteriores películas, no cabe duda que “El Cadáver de la Novia” se convirtió desde su estreno en un referente dentro del cine de animación.



7. Big Fish (2003)

Demasiados narcisos para una sola mujer.

Después de enfrentar el fracaso con el remake de “El planeta de los Simios” (2001), Burton decidió distanciarse, aunque sea un rato, de su ya clásica estética gótica para despacharse con este merecido homenaje a los familiares chamuyeros. Y así es que casi siguiendo su método personal, Tim Burton nos presenta un mundo que se debate entre lo real y lo fantástico compuesto por brujas, sirenas y demás personajes imaginarios (o no).

Prácticamente un cuento de hadas sobre el arte de contar historias, que a fin de cuentas termina convirtiéndose en una emotiva lección de amor entre padres e hijos.


6. Ed Wood (1994)


La historia de un director incomprendido cuya pasión por el cine da como resultado películas “fuera de lo común”. No, no es la autobiografía de Tim Burton.
“Ed Wood” no es solamente la historia de un director de cine fracasado que se trasviste en sus tiempos libres. Es la representación de la perseverancia y el optimismo a toda costa a través de la vida del cineasta más incompetente de la historia.

Porque si bien no es la biografía más precisa del creador de “Plan 9 del espacio exterior”, es la extraordinaria representación de Johnny Deep como este ingenuo pero querible director, la que hace que lo que podría haber sido una parodia, termine transmitiéndonos una total admiración por este pobre inepto que hace frente a cualquier obstáculo con la mejor la mejor de las sonrisas.
Y todo retratado en una lograda estética en blanco y negro que nos hace olvidar varias veces que ese es Martin Landau y no Bela Lugosi.


5. BeetleJuice (1988)


Indudablemente Tim Burton es de los pocos realizadores capaces de unir de manera magistral el terror con la comedia. Y en ninguna película queda más explícito que “Beetlejuice”.

Quien hubiera creído que un saco a rayas podría ser tan elegante.
Con una estética clásica del cine clase B y unos efectos especiales de bajo presupuesto como a la vez terroríficos, podemos estar seguros que el surrealista inframundo Burtoniano sería un lugar muy divertido para visitar de vez en cuando. Y si encima cuenta con un elenco para derrochar talento con Michael “no soy Batman” Keaton, Alec “me la re banco” Baldwin y Winona “sigo estando buena” Ryder, tenemos legado para rato.

Ahora solo queda esperar ansiosos por la secuela de Beetlejuice de vacaciones en Hawaii. (no es broma, ese es el argumento)


4. The Nightmare Before Christmas (1993)


Bestia del Marketing. Hoy su cara está en todas las remeras.
Clásico de clásicos si se habla de Tim Burton. Y hasta hoy es difícil de creer que él no fuera el director de esta obra maestra de la animación.

De todas formas no existe película más cercana a su estilo que la protagonizada por nuestro amigo Jack Skellington. Comenzando por el aspecto terroríficamente original de los personajes, sumado a la excelente música de Danny Elfman, para terminar todo englobado en una de las historias más delirantes que dio a luz la mente macabra del tío Tim.


3. Batman (1989)


Los pronósticos no eran los mejores cuando nos enteramos por el propio Tim Burton que a duras penas conocía al personaje. Pero peor fue cuando supimos que el por entonces comediante Michael Keaton iba a ser el encargado de interpretar al justiciero enmascarado.

Ahora es muy fácil hablar después de tantos años, pero hay que reconocer que después de la descafeinada “Superman IV: En busca de la paz” (1987) las películas de superhéroes no estaban en su mejor momento.Pero a fuerza de un gran guion, estética de comic y un villano excepcional como sólo Jack Nicholson podía regalarnos, los fanáticos y la prensa tuvieron que tragarse sus palabras y disfrutar del mejor Batman de la historia del cine.

El mejor Joker se lo dejamos a Heath Ledger. Disculpanos Jack.

2. Edward Scissorhands (1990)


“No es Tim Burton sino está Johnny Deep” tendría que decir el manual del cinéfilo. Pero independientemente de este fetiche, es curioso saber que “El Joven manos de tijera” (otra brillante traducción para Latinoamérica) es públicamente la película favorita de Burton. Y si no fuera por el puesto número 1 estaríamos todos de acuerdo.

Tiene el sello Burtoniano por donde se la mire. Desde esa particular aura fantasiosa hasta la siempre funcional música de Danny Elfman. Todo para contar la simple historia de un joven solitario con algunos “problemitas” de comunicación.

Escrita, producida y dirigida por Tim Burton este film marca un antes y un después en su carrera. No solo por ser un éxito en taquilla y revalidar de una vez por todas su visión artística frente a la crítica, sino por ser el último trabajo del legendario Vincent Price en el cine antes de su fallecimiento en 1993. Claramente una de las más claras influencias dentro de la cinematografía gótica del director.

Y si todo esto no fuera suficiente tenemos la posibilidad de disfrutar a Winona Ryder en versión rubia.

A fin de cuentas “Edward Scissorhands” es por lejos el mejor largometraje de Tim Burton. Aunque siempre nos quede la incógnita sobre un posible parentesco entre Freddy Krueger y el tímido Edward.


1. Vincent (1982)


Antes que empiecen a insultarme admito que técnicamente estoy haciendo trampa porque el puesto N°1 no es una película sino un cortometraje. Pero es inevitable no poner en lo más alto a esta joyita de la animación cuadro por cuadro.

Estamos frente a uno de los primeros trabajos realizados por Tim Burton, cuando todavía era parte de los estudios de animación de Walt Disney. Pero no por eso iba a ser capaz de dejar de lado su lúgubre. Las convicciones siempre están primero para nuestro despeinado director.

Cualquier similitud con la vida real de Tim Burton NO es pura coincidencia.
“Vincent” cuenta la historia de un chico obsesionado con parecerse a su ídolo Vincent Price que a pesar de la constante insistencia de su madre para que salga a jugar afuera, él prefiere quedarse en la oscuridad de su habitación fantaseando con viles experimentos y monstruosidades, tales como aparecen en las películas de terror de su actor favorito.

Una propuesta tan personal como esta solo podía ser interpretada por el mismísimo Vincent Price (cumpliendo así el sueño del pibe) narrando en prosa todos los pensamientos del protagonista retratados en un tétrico blanco y negro y con evidentes referencias al maestro del terror Edgar Allan Poe. (Aquí está para verlo subtitulado)


De esta manera nos encontramos con lo más cercano a un retrato de su propia infancia. Como para ya ir dándonos cuenta que este joven con ideas algo extrañas algún día se convertiría en el fantástico director que es ahora.

Larga vida al tío Tim.




Artículo publicado originalmente el 9 de Enero de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar


domingo, 7 de diciembre de 2014

29º MDQ FEST: Crítica de Come to My Voice (2014)

Tradición kurda de exportación


Película festivalera si las hay, “Come to my Voice” fue reconocida como la mejor película de la competencia internacional del festival, superando a pesos pesados como la francesa “Le Chambre Blue”, la italiana “Le Meraviglie” o la tan esperada “Jauja” de nuestro Lisandro Alonso.

El segundo largometraje del turco Hüeseyin Karabey nos traslada al casi desconocido mundo de la cultura Kurda en el extremo este de Turquía. Aquí los habitantes son sistemáticamente reprimidos por parte de la milicia local haciendo una clara alusión a la difícil situación política y social que sufre el país otomano.

En una de las tantas redadas en busca de terroristas por parte del autoritario ejército turco, todos los hombres de la aldea son detenidos hasta que aparezcan las “supuestas” armas de fuego que, según los militares, los campesinos tienen escondidas. Ante tal injusticia, una abuela y su nieta se verán obligadas a realizar una extensa y peligrosa travesía por los imponentes paisajes del Cáucaso en busca de una pistola que pueda liberar a su hijo/padre y así poder reunir a la familia otra vez.


Karabey utiliza este relato como excusa para contar la condición de persecución constante que sufre a diario el pueblo kurdo, pero simplificando en exceso tal vez la verdadera gravedad de los hechos que se ven implícitos en cámara. Es cuando surge el paralelismo entre la mitología curda y la realidad que tienen que vivir los personajes en donde se resiente un poco la fluidez de la historia y la película comienza a divagar entre simbolismos y metáforas, en vez de profundizar en la crítica social que desde un principio se intenta denunciar.

La musicalización tiene un papel fundamental a la hora de retratar este universo tan antiguo y rico en tradiciones como enigmático para nosotros en Argentina. Poniendo en claro que como realizador Karabey tiene muy presente que su película cautiva más cuando consigue unir la música autóctona de la región con la hermosa geografía del oriente medio.

“Come to my voice” es una interesante propuesta a pesar de no ser precisamente la más indicada para llevarse el galardón a mejor película. Aunque en definitiva sean sus cualidades de cultura “exótica” tan buscadas por los jurados de festival las que hagan que tenga más notoriedad por sobre otras realizaciones de corte más “occidental”.





Reseña publicada originalmente el 5 de Diciembre de 2014 en Proyectorfantasma.com.ar y el 27 de Diciembre del mismo año en bolsadetrabajoencineyafines.blogspot.com.ar

jueves, 4 de diciembre de 2014

29º MDQ FEST: Crítica de El Perro Molina (2014)

En el marco del 29º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, tres películas argentinas compitieron en la sección de Competencia Internacional: Jauja de Lisandro Alonso, La vida de Alguien de Ezequiel Acuña, y El perro Molina de José Celestino Campusano que aquí comentamos.




Cuando el árbol tapa el bosque


Campusano regresa al cine que tanto lo representa y le gusta hacer. Ese que intenta mostrarnos el costado oculto de los bajos fondos del conurbano con toda su fauna y situaciones características. Desde el principio se nota que “El Perro Molina” vendría a ser una propuesta mucho más ambiciosa y a su vez más tradicional si la comparamos con películas anteriores suyas como “Vikingo” o “Fango”. Pero en eso se queda, en un intento.

Totalmente bastardeada por actuaciones de cartón, diálogos sobreescritos y una historia digna de las telenovelas brasileñas, cuesta entender cómo se pudo incluir esta película en la competencia internacional del festival de Mar del Plata a la par de largometrajes de primer nivel.


Comencemos con la historia. Antonio “el perro” Molina (Daniel Quaranta) es uno de esos asesinos a sueldo con códigos. Un viejo lobo de mar cansado de realizar el trabajo sucio de otros dispuesto retirarse al ver que los pibes de hoy no tienen la misma lealtad que él tanto defiende. Y como último trabajo decide asociarse con Ramón (Damián Avila), novato dentro del mundo criminal y aprendiz de Molina.


Paralelamente a esto se nos cuenta la historia de Natalia (Florencia Bobadilla), esposa y víctima del corrupto comisario de la zona (Ricardo Garino), que tras descubrir por enésima vez que su marido la engaña decide vengarse de la manera más inteligente que se le podía ocurrir, se hace prostituta.

Ya con el orgullo tocado, el policía decide llamar a Molina para que se haga cargo de un tal “Calavera” (Carlos Vuletich), el dueño del prostíbulo al que fue a parar su ex esposa, sin saber que este es uno de los pocos amigos que le quedan al protagonista dentro de su vida de forajido.

Después de esto el argumento se convierte en un enredo con triángulos amorosos, tiroteos absurdos y discursos solemnes que no llevan a ningún lado. Aunque probablemente este no sea su peor problema.

Como adelanté al principio son sus paupérrimas actuaciones las que hacen que todo este relato pierda la intensidad que Campusano seguramente tenía en mente. Porque si bien se nota que la película es bastante prolija a nivel técnico, es el pobre desempeño actoral lo que genera una total sensación de incredulidad en todo el relato. Desde los diálogos claramente artificiales y esa maldita necesidad de a veces hacer hablar a los personajes en neutro (un ejemplo claro es escuchar diálogos tan poco naturales en el conurbano como “espérame que yo te avisaré”) hasta la forma casi declamada incluso para pedir un mate.
Esto da la sensación que a pesar de las limitaciones de un elenco a simple vista falto de experiencia, estas falencias tienen más que ver con una mala dirección de actores. Pero sucede que el mismo Campusano es el que sostiene según sus propias palabras que prefiere “que los cuerpos digan su verdad y no que la técnica diga sus mentiras”, dando a entender que este estilo de interpretación es casi a pedido.



No es por ponerme purista (y es que claramente no existe una única verdad en el cine) pero me inclino por pensar que una mala actuación de ninguna manera tendría que ser tomada como una decisión estética (para la sobreactuación está la sátira o la parodia). Y mucho menos si lo que se quiere contar es un drama. Porque lamentablemente si la idea del director no fuera retratar de forma dura y cruel la marginalidad, la corrupción policial y la falta de lealtad en un mundo violento, estas interpretaciones hasta podrían causar gracia.


Y todo esto queda en evidencia si vemos películas recientes del neorrealismo argentino como “Mauro” de Hernán Rosselli que demuestran que ningún método actoral “fingido” puede arruinar la experiencia de mostrar al conurbano y sus antihéroes al natural, tal cual nos los imaginamos.

Por eso es que “El Perro Molina” deja un sabor amargo al ver que una idea con mucho potencial junto a la disponibilidad de locaciones perfectas para plasmarla, se traduzca en una película que nos representa con tanta disparidad a nivel internacional. Será este un llamado de atención para Campusano a la hora de elegir el elenco para su próximo proyecto y que esto no contamine su ya visceral forma de ver el cine.




Por Nicolás Feldmann



Reseña publicada originalmente el 3 de Diciembre de 2014 en Proyectorfantasma.com.ar y el 27 de Diciembre del mismo año en bolsadetrabajoencineyafines.blogspot.com.ar