lunes, 28 de diciembre de 2015

Crítica: Secretos de una Obsesión (2015) Dir. Billy Ray

El mismo secreto con distintos ojos


Es difícil hablar de “Secretos de una Obsesión” (The Secret in Their Eyes, 2015) de manera independiente y despojada de cualquier juicio previo. La obra de Juan José Campanella, ganadora del premio Oscar a mejor película extranjera en 2010, significó un gran orgullo dentro del cine argentino y probablemente esta remake sea inevitablemente condenada por el público local, a excepción de los curiosos que quieran ir a verla con el único objetivo de compararlas. Pero a pesar de que lo más acertado sería determinar primero si esta adaptación funciona por sí misma, en casos como este es imposible dejar de lado el material original en el que fue basada.

Siguiendo la tradicional costumbre de Hollywood de reversionar y localizar los éxitos extranjeros, la película dirigida por Billy Ray (guionista de Capitán Phillips y Los juegos del hambre, entre otros) se posiciona como un thriller policial bastante común dentro del cine norteamericano, casi calcado de un capítulo de La ley y el orden.  En este caso se decide cambiar la dictadura militar argentina de los 70’ por la incertidumbre post atentados de las torres gemelas, como un contexto histórico casi accesorio. Lo que termina haciendo que el contraste entre el relato pasado y presente pierda fuerza a nivel narrativo. Si en “El Secreto de sus Ojos” parte de su encanto estaba en ver como un truculento crimen y el trasfondo político cambian radicalmente a cada uno de los involucrados, en la versión estadounidense, el transcurso de diez años y el terrorismo islámico se hacen demasiado poco para notar una gran diferencia en el desarrollo de los personajes.

Por otro lado, algunas modificaciones en el argumento original hacen que el relato se vuelva confuso entre tantas deducciones e hipótesis durante la investigación. Teniendo en cuenta que desde el principio no se hace ningún esfuerzo en ocultar la identidad del asesino.

Ya después queda como anecdótico que los personajes de Julia Roberts (en una lograda actuación) y Dean Norris, sean una combinación de los interpretados inicialmente por Guillermo Francella y Pablo Rago. O que en vez de perseguir al culpable en la cancha de Huracán, el climax suceda durante un partido de Baseball. El problema principal es que la historia pierde la sutileza del relato original.

En el guion de Eduardo Sacheri, junto a la dirección de Campanella, se hacía especial hincapié en los silencios y la actuación gestual, tanto para generar tensión como para marcar los tiempos en el proceso de cada personaje. En esta remake, el romance entre Chiwetel Ejiofor y Nicole Kidman (versiones simplificadas de los papeles de Ricardo Darín y Soledad Villamil) se convierte en un recurso que los personajes secundarios necesitan recordar constantemente, por miedo a que el espectador se olvide que los protagonistas están secretamente enamorados.

En definitiva estamos hablando de idiosincrasias totalmente distintas, que no se reflejan solamente en la manera de hacer cine. Sino que se hacen notar desde la forma en que se encara una escena, hasta el modo en que se habla de la pena de muerte.


Son este tipo de adaptaciones las que se asemejan a un producto descartable, casi a pedido, que se estrenan solamente para ocupar un espacio estudiado en las salas. Como sucedió en su momento con “Criminal” (2004), reinterpretación fallida de Nueve Reinas (2003), hoy es el turno de El Secreto de sus Ojos (2009) en tener su versión boba. Y teniendo en cuenta el nivel creciente del cine argentino, podemos estar seguros de que no será la última.





Reseña publicada originalmente el 3 de Diciembre de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

jueves, 12 de noviembre de 2015

Crítica: Los Huéspedes (2015) Dir. M. Night Shyamalan


El respeto a los abuelos


El recurso del metraje encontrado (found footage) está de moda y parece que no existe nada que haga pensar lo contrario a los capos de la industria del cine. Y más todavía si el público acompaña en cada estreno por sobre lo repetitiva que puede volverse esta propuesta. De esta forma, películas como “Actividad paranormal”, “El ultimo exorcismo” o “Proyecto X”, demuestran que más allá de la calidad del producto final, no hay indicios de que este estilo vaya a desaparecer a corto plazo.

Ahora bien, sin duda “The Visit” (llamada Los Huéspedes en las salas argentinas) llega con claras intenciones de seguir explotando este particular fenómeno. Pero también funciona como una suerte de redención para su director M. Night Shyamalan, que hace bastante tiempo perdió el respeto del público y la prensa en partes iguales. Tras los últimos tropiezos que significaron “The Happening”(2008), “The Last Airbender”(2010) y “Después de la Tierra”(2013), el realizador indio regresa al suspenso con un film que lo deja mucho mejor parado desde el punto de vista narrativo.

Siguiendo el estilo de la cámara en mano, la película cuenta la visita de Rebecca (Olivia DeJonge) y Tyler (Ed Oxenbould) a la granja de sus abuelos maternos (Deanna Dunagan y Peter McRobbie), con el objetivo de finalmente conocerlos. Sucede que su madre (Kathryn Hahn) tuvo una gran pelea con ellos durante su adolescencia y el contacto con sus padres quedó trunco durante la crianza de los pequeños. Es así que su hija mayor aprovecha esta situación de rencuentro familiar para documentar junto a su hermano la estadía y lograr que sus abuelos hagan las paces con su madre.

Al principio el recibimiento de los abuelos no puede ser mejor. Los ancianos se muestran tan encantados de recibir a sus nietos, que las recetas caseras y los paseos por el pueblo no se hacen esperar. Pero con el paso de los días, el comportamiento de aquellos simpáticos viejitos se va haciendo cada vez más siniestro para con sus jóvenes invitados. Especialmente por las noches.



Como en sus mejores momentos, Shyamalan sabe manejar muy bien los tiempos para jugar con la mente del público y que termine haciendo sus suposiciones a partir de lo que no se ve. Aunque esto se nota en mucha menor medida de lo que se podía apreciar en “El Sexto Sentido” o “Señales”, dos de sus trabajos más celebrados desde la dirección.

Los Huéspedes hace hincapié en la orgánica relación de los dos hermanos protagonistas frente a los distintos sucesos que van presenciando en la granja, para construir un ambiente de tensión. Aunque se trata de una tensión algo dispersa, que no termina sostener las escenas de terror con las que promociona el film.


Que no se malinterprete, el horror y el suspenso están presentes, pero los elementos de comedia negra que se hacen notar a lo largo de la película, hacen que el llamado clímax de la historia transcurra entre la risa por lo delirante de algunas situaciones y la expectativa por los misterios que encierran estos dos ancianos. Y aunque parezca mentira, esto a fin de cuentas termina enriqueciendo lo que podría haber sido otro estreno de terror genérico.

De todas formas la película cae en el mismo cliché de casi todo exponente del found footage al obligar a los protagonistas a filmar la acción en todo momento (incluso en situaciones de extremo peligro). Aunque desde un punto de vista cinematográfico es entendible que este tipo de tomas sea necesario para que la historia avance. Pero se hace injustificable cuando el género tiene como principal meta dar una sensación subjetividad y realismo al espectador. Algo que se hace notorio también con los diálogos forzados, escritos específicamente para hacerle saber al público lo que debería ser implícito en escena.

Independientemente de los lugares comunes del género, esta vez Shyamalan se mantiene alejado de las temáticas espirituales ya conocidas de su cinematografía y prefiere volver a un ámbito más terrenal y no tan esotérico. Sin embargo parece inevitable que en todos sus films tenga que justificar las acciones de los personajes a partir de moralejas idealistas, y en este caso “The Visit” no es la excepción.

Esto podrá gustar más o menos, pero hay que rescatar que a pesar de recibir tantas críticas por este recurso tan redundante, el director de “El Protegido” nunca cambie sus convicciones. Porque a pesar de sus defectos y vicios narrativos, Shyamalan tiene bien en claro qué contar y cómo hacerlo.


Por Nicolás Feldmann

Reseña publicada originalmente el 12 de Noviembre de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

lunes, 14 de septiembre de 2015

Crítica: El lado peligroso del deseo (2015) Dir. Eli Roth

La infidelidad cuesta caro


Ya hace unos años que todo lo que involucra a Eli Roth es merecedor, al menos, de prestarle atención. Al tratarse del director de películas como Cabin Fever (2002) y Hostel (2005), consideradas de culto para el terror moderno, Roth no solamente fue uno de los encargados de revivir el género Gore, sino que también intentó aportar una pequeña cuota de sátira social a las pesadillas por las que obligaba pasar a sus personajes.

Ahora bien, a pesar de que sus últimas propuestas como Clown no sean las más representativas de lo que el realizador supo demostrar en sus primeros filmes, es evidente que su particular mirada todavía es capaz de seguir cautivando por sobre sus errores.

Al mejor estilo Funny Games (1997) de Michael Haneke, Knock knock (conocida en Argentina con la horrible traducción El lado peligroso del deseo) cuenta la historia de Evan Webber (Keanu Reeves), un solvente arquitecto y padre de familia que por cuestiones laborales debe quedarse en su casa mientras su mujer e hijos se van a la playa por el fin de semana. Esa misma primera noche Evan recibe la visita de dos hermosas señoritas llamadas Bel y Genesis (Ana de Armas y Lorenza Izzo) quienes le piden por favor utilizar su teléfono y de paso resguardarse de la lluvia en su casa. El buenazo del protagonista las recibe pero no sin antes aclarar que se encuentra felizmente casado, cada vez que sus invitadas pretenden seducirlo. A pesar de la advertencia, el coqueteo no dura mucho y la infidelidad termina ocurriendo tarde o temprano.

A la mañana siguiente, Evan despierta con la certeza de mantener en secreto lo ocurrido la noche anterior, por el resto de su vida, e intenta despedirse rápidamente de sus ocasionales amantes. El problema es que ellas no tienen intenciones de irse y pretenden torturarlo de todas las maneras posibles, como castigo por haber traicionado a su esposa.

La historia no se aleja en ningún momento de esta sencilla premisa inicial. Por eso, nos deja la sensación de que se le podría haber dado alguna que otra vuelta de tuerca para fomentar aún más el suspenso y la tensión de este juego macabro.




Prácticamente el film se sostiene únicamente en las excelentes interpretaciones de Ana de Armas y Lorenza Izzo (casualmente la pareja de Eli Roth) en el papel de las dos encantadoras psicópatas dispuestas a cualquier cosa por el sólo hecho de divertirse enloqueciendo a sus víctimas. Algo que se opone a lo incómodo que resulta ver a Keanu Reeves recitando solemnemente la mayor parte de sus líneas.

De todas formas la película no se toma muy en serio a sí misma y eso se convierte en un acierto cuando comienzan a aparecer los cabos sueltos y las situaciones inverosímiles que claramente podrían opacar al resto de la realización. Porque si bien este tipo de falencias nunca dejan de hacerse notar, son más fáciles de pasar por alto si es que la narrativa entretiene. Y eso es algo de lo que podemos estar seguros si el proyecto es de Eli Roth.


Reseña publicada originalmente el 8 de Septiembre de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

domingo, 16 de agosto de 2015

Crítica: Aventurera (2014) Dir. Leonardo D’Antoni

El duro camino a la fama

La cruda competencia que existe en el ambiente artístico no es una gran novedad y tanto el cine como la televisión se ocuparon en varias ocasiones de contarlo. La motivadora historia de la actriz inexperta que llega a Hollywood con su valija semi vacía pero con muchas ganas de triunfar, es una de las más trilladas que puede dar la ficción. Pero esto no significa que sea imposible poder contar algo nuevo dentro del género de los largos caminos al éxito.

En este caso “Aventurera” vendría a ser una interpretación local y actual de este tipo relatos, que a pesar de caer predeciblemente en los lugares comunes ya conocidos, nunca pierde esa sensación de verdad tan característica del llamado neorrealismo argentino, a base de buenas actuaciones y escenas largas.

La ópera prima de Leonardo D’Antoni, ganadora del premio DAC en el 29° festival Internacional de cine de Mar del Plata, cuenta la historia de Bea (Mélanie Delloye, hija de la política Ingrid Betancourt), una actriz colombiana del teatro under de Buenos Aires que sueña con la fama popular que sólo el cine y la TV le pueden dar. Mientras tanto se gana la vida cuidando a dos ancianas, lo que le alcanza para vivir en un departamento compartido y le da la libertad suficiente de asistir a los distintos castings y audiciones del medio. Es en una de estas pruebas actorales, en donde Bea conoce a un productor televisivo (Cesar Bordón) que le asegura un papel en una novela a cambio de mantener una relación con él.

Desde ese momento la ambición y el desarraigo juegan un papel fundamental en los métodos y acciones de la protagonista, llegando incluso a debatirse hasta donde está dispuesta a llegar en nombre de la fama. Aunque sea perdiendo el respeto de sus amigos y el suyo propio en el camino.

Sin embargo la simpatía que irradia Bea se mantiene intacta a lo largo de la película y eso se debe en gran medida a su actriz principal Mélanie Delloye. Su interpretación hace querible a un personaje que a pesar de su marcada personalidad de trepadora, genera una empatía capaz de hacernos justificar algunas veces sus discutibles decisiones. Esto sumado al prolijo nivel técnico en general, hace de Aventurera una buena representación de la artificialidad que reina en el medio artístico. Algo que D’Antoni supo plasmar muy bien sin caer en el juicio de valor y la moraleja fácil.
“Aventurera” se proyectará todos los jueves de agosto, a las 21hs, en el Centro Cultural de la Cooperacion. (AV. Corrientes 1543)



Reseña publicada originalmente el 5 de Agosto de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

lunes, 29 de junio de 2015

Premios Cóndor 2014: Conversaciones con Szifron y Lerman

El lunes por la noche, en una ceremonia realizada en el Teatro Avenida, se entregaron los Premios Cóndor de Plata. Los ganadores de dichos galardones son seleccionados por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina (ACCA). Pueden consultar el listado completo de ganadores aquí.

Asistimos al evento, y antes del comienzo, tuvimos la oportunidad de charlar con Damián Szifron, director de Relatos Salvajes, acerca de dicho film, y del presente y futuro del formato del unitario en producciones nacionales.

Escuchá aquí el diálogo que tuvimos con el realizador argentino:


Luego de la premiación, pudimos conversar con Diego Lerman, director deRefugiado, film que se alzó con tres galardones: Mejor Película, Mejor Actriz (Julieta Diaz), y Mejor Guión original.
Ésta fue la conversación que tuvimos con él: 

Proyector Fantasma: Antes que nada, felicitaciones por el premio. Te quería preguntar si en relación a tus últimas películas, teniendo en cuenta la noción de viaje sin rumbo de Tan de Repente (2002), o la puesta en escena que hacés en La mirada Invisible (2010), ¿Pensás que recuperaste algunas enseñanzas de éstos films para hacer Regufiado?

Diego Lerman: Sí, creo que eso pasa siempre. Uno no sólo recupera, sino que va aprendiendo e incorporando cosas no sólo del cine, sino también del teatro. Ahora hice televisión y creo que es una nueva experiencia de la que he aprendido bastante. Intento que todo sea un constante aprendizaje.

PF: ¿Creés que Refugiado puede generar más atención en torno a lo que es la violencia de género?

DL: Ojalá que lo haga, y de hecho ya lo está haciendo. Es una película que ha tenido un recorrido muy grande no sólo en salas comerciales, sino en otros canales de difusión (como por ejemplo, el Festival Mujeres en Foco). Espero que el film sirva para darle visibilidad a una temática actual y candente como es la violencia de género.

PF: Muchas gracias y felicitaciones por el premio.





Crónica publicada originalmente el 24 de Junio de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar

lunes, 8 de junio de 2015

Análisis de “Eyes Wide Shut” (1999) de Stanley Kubrick

Una noche no puede reducirse a toda una verdad. A toda una vida.
A mediados de 1999, mientras todos se fascinaban con las desventuras filosóficas de Keanu Reeves y compañía en The Matrix, fallecía el legendario director Stanley Kubrick a pocos días del estreno de su última película: Eyes Wide Shut. Y aunque fue increíblemente publicitada y elogiada por la crítica especializada, la respuesta del público en general no fue la mejor, viéndola como el último capricho de Kubrick por realizar un film con más énfasis en las escenas de sexo que en un argumento elaborado.

Después de muchos años y ya sin las altas expectativas de la prensa como condicionante, es hora de analizar si realmente la última obra de uno de los directores más renombrados de nuestra época es sólo erotismo pretencioso. Para averiguarlo comencemos con su historia: (y esto significa SPOILERS)

El doctor Bill Harford y su esposa Alice (Tom Cruise y Nicole Kidman) son una feliz y políticamente correcta pareja de la clase media-alta de Nueva York. Pero una noche la paz hogareña se rompe cuando durante una discusión sobre la fidelidad de pareja (con marihuana de por medio), Alice confiesa que estuvo a punto de renunciar a todo por sólo una noche de sexo con un marinero que conoció durante las vacaciones del año anterior. A esa revelación se le suma un sueño en donde ella mantiene relaciones sexuales con ese y otros hombres frente a los ojos de su marido, con la única intención de herirlo y humillarlo.

A pesar de confesarle todo esto con mucho remordimiento y culpa, Bill se obsesiona con la posibilidad de vengarse de Alice acostándose con otra mujer o al menos sintiendo alguna vez ese deseo irracional por otra persona. Esto lo lleva a colarse en una mansión a las afueras de la ciudad en donde millonarios con máscaras y túnicas realizan metódicas orgías con un claro tenor fanático-religioso. 

El anonimato le dura poco a Bill y pronto es descubierto por esta secta de poderosos dispuestos a matarlo con tal de seguir ocultando estos sombríos rituales. Pero cuando todo parece indicar que no hay escapatoria posible, aparece una misteriosa mujer que se ofrece a tomar su lugar en la brutal ceremonia de castigo, como forma de agradecerle al protagonista por haberla salvado días antes de una intoxicación por sobredosis.

Asustado, Bill comienza al día siguiente la búsqueda de respuestas sobre esta tenebrosa organización. Mientras que su simple vida como hombre de familia empieza a derrumbarse cuando esta gente comienza a seguirlo, amenazarlo y aparentemente a corromper a toda la gente que lo rodea.
Finalmente un paciente suyo, que casualmente pertenece a esta logia, le explica que todas las intimidaciones y advertencias que estuvo recibiendo en este último tiempo fueron solamente un montaje para atemorizarlo, y asegurarse de que no revelara la verdad sobre estas orgías ilegales en las que políticos y ricachones están implicados. De esta manera nadie resultó herido ni ninguna de las amenazas era real, toda esta locura fue un simple teatro.

Es así que Bill prefiere quedarse con esa improbable versión de los hechos para por fin dar un cierre a esta pesadilla. Eventualmente le termina confesando a Alice la angustia por la que tuvo que pasar y ambos deciden dejar atrás esta terrible experiencia disculpándose de todo lo que se dijeron anteriormente, para intentar ser felices con su hija lo que resta de sus vidas.


Con este final tan abruptamente feliz, es muy difícil deducir cual es el verdadero mensaje que quiso infundir Kubrick. Y como en todo análisis, toda opinión parte desde la plena subjetividad.

La profundidad del subconsciente


Todo parece cobrar sentido cuando nos formulamos una simple pregunta: ¿Se aman realmente Bill y Alice?

Algunos pueden decir claramente que sí. Técnicamente ninguno de los dos fue infiel y es lógico que todas las parejas pasen por momentos de dudas y discusiones. En este caso, todo este desagradable episodio es solo una circunstancia más que puso a prueba su amor.

Pero otros pueden decir claramente que no. Hay muchos problemas que Alice y Bill deciden ignorar y mucho dolor y sentimientos de venganza que se tienen el uno al otro. Incluso la idea de vivir juntos por siempre parece incomodar a Alice en el final:
Alice: Lo más importante es que estamos despiertos ahora. Y con suerte, por mucho tiempo más. 
Bill: Por siempre. 
Alice: Mejor no usemos esa palabra. Me asusta.
Aunque eso no significaría indiscutiblemente una falta de compromiso, siendo el miedo a la eternidad un temor bastante común en mucha gente. Y probablemente los sentimientos de enojo sean algo normal cuando se está tan involucrado en una relación y se ama demasiado a otra persona.

Es curioso preguntarse si Bill y Alice se aman realmente porque ninguno de los dos intenta responder de manera certera esa pregunta a lo largo de la película. A decir verdad, la forma en que ambos deciden dejar atrás tan fácilmente este incidente, pasando por alto los problemas de pareja que generaron esta situación, se asemeja bastante a como Bill decide creer la explicación más absurda sobre lo que sucedió realmente durante ese ritual, teniendo en cuenta que este grupo de gente peligrosa podría estar siguiéndolo todavía.

Es muy parecido también a la forma en como Bill reacciona y tranquiliza a Alice diciéndole simplemente “Es solo un sueño”, luego de oírla describir con lujo de detalles como lo humillaba en sus sueños. Pero para Alice no es simplemente un sueño. Ella odia que tener ese tipo de pensamientos.


La pregunta radica en por qué tiene inconscientemente esos terribles deseos de venganza si ella dice amarlo de verdad. ¿Es algo de lo que debería preocuparse o la mente humana es lo suficientemente compleja para caer es los más oscuros impulsos de vez en cuando? Probablemente el amor sea tan profundo como nuestro subconsciente.

Podemos coincidir en que el amor es un proceso con sentimientos complejos, pero es difícil definir hasta qué punto tiene principal relación con algunas partes de nuestra mente, o en qué momento nuestro inconsciente pasa a ser consciente cuando se trata de emociones.

Este límite es tan confuso como el que existe a la hora de diferenciar la realidad de los sueños. Como sucede durante la mayor parte del film, plagado de colores borrosos, luces brillantes y sombras alargadas. Es más, la escena cúlmine en donde Bill es descubierto durante el ritual y casi es obligado a desvestirse por el círculo de hombres enmascarados, parece sacado directamente de la peor de las pesadillas.

Es como si él se hubiera sumergido en lo más profundo de su subconsciente intentando descifrar cuales son realmente sus deseos y cuál es su límite. Pero al día siguiente, cuando se encuentra más lúcido, la realidad lo golpea y todas las consecuencias de sus acciones parecen tomar relevancia.

 Incluso si analizamos el título Eyes Wide Shut (Ojos Bien Cerrados) podemos darnos cuenta la intencionalidad de Kubrick con todos estos elementos. No es difícil responder a que le prestamos atención cuando tenemos los ojos bien cerrados: Nuestros sueños.

Toda la película parece hacer hincapié en eso. Descubrir nuestros más oscuros deseos y entender cuál es nuestra propia concepción de amor físico y emocional.

Mientras más ahondamos en la historia, más conflictos surgen para plantearnos a nosotros mismos. Y nada más alejado de responder a esos problemas, los protagonistas (como seguramente muchas parejas) deciden pasarlos por alto y seguir con sus vidas. A simple vista parecen estar ignorando estas diferencias sin resolver que todavía siguen subyacentes, pero también deciden perdonarse partiendo desde la única verdad que nadie es perfecto. Si esto mejora la relación o no queda a criterio de cada uno.


Como en otros grandes films, la trama no responde a estas incógnitas, sólo plantea los interrogantes para que el público haga el resto. Eyes Wide ShutIndaga sobre la infinita conexión que tiene el amor con el sexo, las emociones y los más oscuros pensamientos de nuestro subconsciente, para luego obligarnos a sacar nuestras propias conclusiones sobre lo que acabamos de ver.

Así que seguramente estará el que ve a esta película solamente como el último plan malévolo de Stanley Kubrick para materializar su fetichismo con mujeres desnudas y máscaras venecianas, gastando millones de dólares en realizar la película con el record guiness de mayor tiempo de rodaje contínuo de la historia del cine (15 meses). Pero si intentamos ir un poco más allá de lo que cuenta a simple vista el argumento, probablemente nos encontremos con que hay un poco de Bill y Alice en cada uno de nosotros.

martes, 28 de abril de 2015

Crítica: Avengers: Age of Ultron (2015) Dir. Joss Whedon

Unidos y organizados


Continuando con el paso firme y abrumador de las últimas producciones de Marvel, llega la segunda entrega del grupo de superhéroes estrella de la editorial de comics norteamericana. Y con el difícil objetivo de despejar todas las dudas que podían suponer un posible estancamiento de la fórmula.Aunque después de once películas el factor sorpresa ya sea prácticamente nulo.

El equipo compuesto por Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), el Capitán América (Chris Evans), Bruce “Hulk” Banner (Mark Ruffalo), Hawkeye (Jeremy Renner) y Black Widow (Scarlett Johansson) no se toma mucho tiempo para las presentaciones y recién comenzada la película ya los vemos envueltos en una batalla campal dentro de una base militar en la lejana y fría Europa oriental. Este combate a modo de prólogo es casi una muestra de lo que se verá el resto de las casi dos horas y media que dura el film: Mucha pelea, diálogos mordaces y muchos efectos especiales.

Es que ni siquiera enfrentando a Ultron (una inteligencia artificial rebelde con el único objetivo de extinguir a la raza humana para hacerla “evolucionar”) y a todo su ejército de robots, los avengers dejan de hacer fan-service con comentarios irónicos sobre todo lo que sucede durante la lucha.

Joss Whedon sabe muy bien como equilibrar a este elenco de personajes ya de por sí carismáticos individualmente, concediéndoles a cada uno su momento específico para que se luzca en la gran pantalla. Claro que cada uno tiene su favorito, pero es evidente que Iron Man, el Capitan América y Thor se roban gran parte de la escena. Aunque la trama también  se toma su tiempo para desarrollar la relación romántica entre Hulk y Black Widow, algo que entre toda la vorágine es de agradecer para variar entre tantos tiros y piñas.

Del mismo modo hay que destacar al villano Ultron, el cual tiene el carisma suficiente para no convertirse solamente en el malo de turno. Sea por sus motivaciones dignas del evolucionismo más radical como también en gran medida gracias a la inconfundible voz de James Spader, que dota al personaje de un aura lúgubre y siniestra ya desde su primera aparición en escena.


Avengers: Age of Ultron es lo que todo fanático del universo cinematográfico de Marvel podía esperar de esta secuela. Más peleas, más grandilocuencia, más efectos especiales, en definitiva lo mismo pero mejor. No obstante si les gusta el género de los superhéroes pero con un poco más de debate ético, la solución sería esperar al estreno de Batman v Superman: Dawn of Justice.
DC tiene la palabra ahora.



Reseña publicada originalmente el 23 de Abril de 2015 en Proyectorfantasma.com.ar